Día Mundial de la Población

Suscríbase al boletín




Próximos eventos

No current events.

Contador de Población Mundial

Otros temas

 

Urbanización y pobreza

El 75% de las personas de América Latina y el Caribe vive en áreas urbanas. Se trata de la región en desarrollo más urbanizada del planeta, aunque marcada por la desigualdad. En Chile, Argentina y Uruguay el 85% de la población vive en zonas urbanas, mientras que en Haití, Guatemala y Honduras más del 50% de su población vive en áreas rurales.

La población urbana de América Latina y el Caribe aumentará de 394 millones en el año 2000 a 609 millones en 2030 y la mayor parte de este crecimiento continuará ocurriendo en las ciudades medianas. En la actualidad, el crecimiento urbano se debe menos a la migración rural-urbana y cada vez más al crecimiento natural de la población; en particular, a la alta fecundidad de la población pobre. De modo que el acceso a los servicios e insumos de salud sexual y reproductiva cobra enorme relevancia en este grupo.

La mayoría de las personas pobres que viven en las zonas urbanas llegan ahí desplazadas de otras áreas de la ciudad por las transformaciones del espacio y de los mercados urbanos de vivienda y laboral. Trabajan mayoritariamente en el sector informal y sus viviendas se caracterizan por su precaria calidad, localización y seguridad.

Los logros en la reducción de la pobreza dependen en gran parte de la implementación de políticas urbanas integrales. El acceso a la salud sexual y reproductiva por parte de las mujeres que viven en pobreza en las áreas urbanas debe ser un componente relevante de las políticas de desarrollo y reordenamiento urbano.

 

Sostenimiento del medio ambiente

América Latina y el Caribe cuenta con 1995 millones de hectáreas de las cuales 576 millones son reservas cultivables. En el año 2000 la región poseía 25% de las áreas boscosas del mundo, el 92% localizadas en Brasil y Perú. Brasil, Colombia, Ecuador, México, Perú y Venezuela están entre las naciones consideradas de megadiversidad biológica y albergan entre 60 y 70% de todas las formas de vida del planeta.

 

La región recibe el 29% de la precipitación mundial y posee una tercera parte de los recursos hídricos renovables del mundo. Sin embargo, estas condiciones no han garantizado la distribución del agua y en muchas áreas de Mesoamérica, los Andes, el noreste brasileño y Paraná, Uruguay y la Plata, la carencia de agua es crónica.

Esta riqueza de recursos naturales ha sufrido las consecuencias de los cambios climáticos. La intensidad y frecuencia de los huracanes en el Caribe, los cambios de patrón en las precipitaciones, el aumento de los niveles en las riberas en Argentina y Brasil y la reducción de los glaciares en la Patagonia y los Andes son fenómenos que indican las posibles transformaciones.

El crecimiento desordenado de las ciudades, combinado con la desigualdad y la pobreza, aumentan los riesgos y vulnerabilidades de las poblaciones frente a desastres naturales, resultando en la muerte y desplazamiento de miles de personas.

El Sistema de Naciones Unidas está actuando a nivel mundial para establecer acuerdos y políticas de contención del proceso de degradación ambiental, promover prácticas comprometidas con la preservación del medio ambiente y la prevención de desastres, así como para la atención a las poblaciones afectadas.

 

Bono demográfico

El “bono demográfico” es una ventana de oportunidades que durará las siguientes tres décadas en América Latina y el Caribe.

Entre 1960 y 1980 gran parte de las mujeres de la región continuaron teniendo muchos hijos que en su mayoría sobrevivieron gracias a la menor mortalidad infantil. Los adultos nacidos en esas décadas tuvieron pocos hijos, quienes seguirán en edad de trabajar por más de cuatro décadas. Como resultado, la población activa que actualmente se encuentra entre los 20 y 59 años de edad es más numerosa que sus dependientes, proporcionando una gran oportunidad para el crecimiento económico. Para aprovecharla es necesario invertir en educación, trabajo, ahorro, sistemas de protección social, salud y salud sexual y reproductiva para estos numerosos jóvenes y adultos.

El bono demográfico presenta grandes diferencias en la región. La proporción de niños sigue siendo muy elevada en países como Haití, Nicaragua, Honduras, Bolivia, Paraguay, El Salvador y Perú; mientras que en Argentina, Chile, Uruguay y Cuba el número de adultos mayores es superior.

 

Emergencias y respuesta humanitaria

Los países de América Latina y el Caribe sufren un alto riesgo de desastres naturales. La región es vulnerable a sufrir erupciones volcánicas, sismos, fuertes lluvias que derivan en inundaciones y deslizamientos de tierra; tormentas tropicales, huracanes, incendios forestales y sequías.

El impacto de estos desastres naturales sobre la población se ve incrementado por la presencia de grandes asentamientos urbanos construidos en zonas sísmicas o en zonas con alto riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra. Algunos países de América Latina y el Caribe no sólo son altamente vulnerables ante desastres naturales, sino que también viven emergencias complejas generadas por conflictos armados -como en Colombia y Haití-, o de post conflicto -como en Guatemala. Estas situaciones obligan a un gran número de personas a buscar mejores oportunidades de vida, lo que a menudo se traduce en desplazamientos internos, aislamiento y pobreza, que afectan la salud reproductiva de la población y atentan contra sus derechos humanos.

Desastres naturales y conflictos armados tienen un enorme impacto sobre la vida de mujeres, hombres, niños, adolescentes y jóvenes. Con frecuencia, hospitales y clínicas quedan dañados, destruidos o inaccesibles frente a unas necesidades sanitarias en aumento a causa de la emergencia. Además, tras un desastre natural o emergencia, las personas pierden el acceso a la información acerca de cómo preservar su salud y recibir atención médica de emergencia; mientras que las mujeres siguen quedando embarazadas sin contar con lo más elemental para garantizar un parto limpio. Las personas desplazadas y desprovistas de la protección y el apoyo de sus familias y comunidades, pueden tornarse más vulnerables a la violencia, a las ITS -incluyendo el VIH-, el abuso y la explotación sexual. Los y las jóvenes también resultan profundamente afectados tras la ruptura de los sistemas sociales y culturales tradicionales, los traumas personales tras la pérdida de miembros familiares, la exposición a la violencia y la interrupción del acceso a la educación.

En estrecha colaboración y coordinación con otras agencias del sistema de Naciones Unidas, los gobiernos, la comunidad donante y la sociedad civil, el UNFPA desempeña un rol esencial para integrar el plan de acción de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo (CIPD) en cuanto a la preparación para emergencias, la respuesta humanitaria y los procesos de transición.

Thoraya Obaid, Directora ejecutiva del UNFPA, recuerda regularmente que: “En momentos de crisis, en la prisa por ofrecer ayuda humanitaria, a veces se pasan por alto las cualidades de la fortaleza y las vulnerabilidades propias de la mujer. No obstante, el apoyo orientado a la mujer puede ser una de las mejores maneras de asegurar la salud, la seguridad y el bienestar de las familias y comunidades enteras.” El UNFPA, por tanto, trabaja para asegurar que se incorporen las consideraciones de género y las necesidades específicas de las mujeres -incluyendo la prevención y abordaje de la violencia basada en el género, y la salud sexual y reproductiva- en la planificación de toda la asistencia humanitaria.

  | Página anterior |